Tener gente a cargo y trabajar en atención al público son dos tareas que me encantan pero que requieren una gran energía. Hay días que termino el trabajo y quedo completamente cargada. Escuchar a otros, buscar ayudarlos, puede ser un gran servicio y también un gran desgaste. Hoy fue uno de esos días en que sentí que dejé todo en la cancha. Terminé muerta y al cruzar la puerta de la oficina me di cuenta de que la cosa no terminaba ahí. Tenía Zumba asi que era el momento de calzarme la calza y salir a bailar. Sin energía ni siquiera para debatir conmigo misma si iba o no llegué al salón y empecé la clase. No coordinaba una. El cuerpo estaba agotado pero la cabeza seguía conectada con los 8000 pendientes que dejé al irme.
El estrés muchas veces es fruto de esa imposibilidad de vivir el momento presente. La ansiedad de querer resolver todo ya, aún cuando eso es complemtamente imposible, nos deja con un acelere que nos lleva a querer resolver mentalmente lo que en la práctica no podemos ejecutar, en mi caso sencillamente porque ya ni siquiera estaba frente a la computador.
Para callar a ese pájaro carpintero que nos taladra el coco muchas veces no alcanza con decir basta. La meditación es un claro ejemplo de una disciplina que nos ayuda a centrarnos y recuperar el eje, pero cómo hacerlo cuando estaba en medio del un, dos, tres, cuatro, giro, piso, brazo extendido, cierro?
Lo primero que necesité fue tomar la decisión. Basta. Ya estoy acá. Quiero bailar. Quiero estar donde estoy ahora. El paso seguiente fue sencillamente conectar con el disfrute del giro, ponerle un poco más de perreo al perreo y de meneo al meneo. Por último tomé la decisión de que toda mi cabeza estuviera enfocada en contar los tiempos. Un, dos, tres, cuatro, un, dos, tres, cuatro, un, dos, tres, cuatro. Cuando me quise dar cuenta el profesor estaba gritando: Y.. POSE FINAL. Me habia pasado 45 minutos con la cabeza completamente enchufada en el baile y unplugged de la oficina.
El estrés muchas veces es fruto de esa imposibilidad de vivir el momento presente. La ansiedad de querer resolver todo ya, aún cuando eso es complemtamente imposible, nos deja con un acelere que nos lleva a querer resolver mentalmente lo que en la práctica no podemos ejecutar, en mi caso sencillamente porque ya ni siquiera estaba frente a la computador.
Para callar a ese pájaro carpintero que nos taladra el coco muchas veces no alcanza con decir basta. La meditación es un claro ejemplo de una disciplina que nos ayuda a centrarnos y recuperar el eje, pero cómo hacerlo cuando estaba en medio del un, dos, tres, cuatro, giro, piso, brazo extendido, cierro?
Lo primero que necesité fue tomar la decisión. Basta. Ya estoy acá. Quiero bailar. Quiero estar donde estoy ahora. El paso seguiente fue sencillamente conectar con el disfrute del giro, ponerle un poco más de perreo al perreo y de meneo al meneo. Por último tomé la decisión de que toda mi cabeza estuviera enfocada en contar los tiempos. Un, dos, tres, cuatro, un, dos, tres, cuatro, un, dos, tres, cuatro. Cuando me quise dar cuenta el profesor estaba gritando: Y.. POSE FINAL. Me habia pasado 45 minutos con la cabeza completamente enchufada en el baile y unplugged de la oficina.
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