martes, 26 de agosto de 2014

Clase 3: Una lucha en mi cabeza

Llegué puntual. Hice la clase.
Hoy oscilé entre sentirme Jeniffer Lopez y Tito Speranza en Bailando por un sueño.
Cuando le embocaba al paso ahi estaba para disfrutarlo y cuando no empezaba a pensar, demasiado para mi gusto porque me olvidaba de bailar.
Asi que ahí anduve peleando un poco contra mi cabeza que se empeña en marcarme cada vez que el paso no era el adecuado, cada vez que yo iba a la derecha y todos iban a la izquireda, cada vez que levantaba una mano y era la otra, cada vez que terminaba enredada en los pasos que no llegaba a hacer. Me hubiera pegado a mi misma a ver si me callaba de una vez y me dedicaba a lo que había ido: bailar.
El gran desafio para las proximas clases será ese: ¿Como dejar de lado mi exigidora mental y subirle el volumen a mi disfrutadora serial?

lunes, 25 de agosto de 2014

La vida con bandoleras

Tengo que hacer ejercicio es lo que me termina moviendo a anotarme en una y mil cosas: pilates, cross fit, gimnasio, jazz, reggeton. Probé de todo y siempre el resultado es el mismo. Término dejando. 
Mi vida está llena de obligaciones: laburar todo el día, estudiar, pagar cuentas, eventos sociales con los que hay que cumplir. En fin. Correr de un lado a otro tratando de cumplir. 
Durante el año en un momento dado decido sumar a todo eso una obligación más. El ejercicio físico. Es que todo se cae, viene el verano, ya cumplí 35, tengo un sólo cuerpo que quiero cuidar para llegar llena de salud a los 100. 
Algo pasa después del envión inicial que término dejando y lo que pasa es que me canso. Necesito parar. Necesito sacarme cosas de encima porque no puedo con todo. 
El problema quizá empiezo a ver no es la cantidad de cosas que hago sino la cantidad de obligaciones que tengo. 
Que pasaría si laburara menos horas o dejara el laburo? Qué pasaría si dijera que no a los eventos sociales? Y si no pagará las cuentas? Podría también dejar de estudiar. 
Me imagino esa situación y pienso en el caos absoluto. Me imagino viviendo abajo de un puente y pidiendo plata en frente a la iglesia. 
Pero esto es realmente así? La verdad es que podría dejar de laburar pero para mi es importante trabajar. No sólo por la plata sino también porque quiero desarrollar mis talentos, superar nuevos desafíos, estar con gente. Podría buscar un trabajo de menos horas pero creo que es el momento de dedicar tiempo al trabajo para conseguir algunos sueños que tenemos y para los que hace falta el vil metal.  Así que elijo trabajar. 
Podría no hacerlo pero elijo hacerlo. 
Podría además no pagar las cuentas, pero me cortarían la luz. Hay gente que vive sin luz. Lo toman como una vuelta a los orígenes de la humanidad, pero yo amo estar conectada, leer a la noche sin lastimar me los ojos y mirar tele para desconectarme de un día largo. Así que elijo pagar las cuentas. 
Podría no ir al gimnasio nunca más. Podría no hacer ejercicio nunca más pero elijo hacerlo porque quiero buscar algo que me desconecte, que me divierta, que me recuerde que puedo jugar y no pensar, que me ayude a sentirme bien conmigo misma y con mi cuerpo  
Quizá necesite primero que nada empezar a pensar mi vida como una suma de elecciones y no de obligaciones. Al pensar en una elección a donde me lleva? Que mundos me abre? Me lleva a un lugar lleno de libertad, me conecta con la liviandad de hacer lo que quiero, de ser quién quiero. 
Al pensar en mis obligaciones me imagino una mochila gigante llena de cosas pesadas, aburridas. 
Me gusta mi trabajo, me gusta lo que estudio, me gusta ser eficiente y ocuparme de las cuentas de la casa. 
A partir de ahora tomó una decisión. No se que pasara con mi vida de ejercicios. Lo que si se es que dejo esa gran mochila de obligaciones y me agarro esta carterita llena de elecciones. Una bandolera cómoda y colorida que me deja ir libre y cómodamente por la vida haciendo lo que quiero y siendo quién quiero ser. 

viernes, 22 de agosto de 2014

Día 2 - desastroso

Día 2 para ir a baile y no fui. 
Estoy agotada. No doy más. 
En esta semana cada día estuve más caída, con menos energía. No me puedo levantar. Me siento mal, sigo con acidez y estoy con una gran contractura en el brazo. 
No me gusta estar así pero así estoy. Quiero que se me pase todo esto y ya no se como. 
Estoy cansada de estar cansada. Estos últimos 3 días ando con el llanto a flor de piel. 
Últimamente me duermo cada vez que me subo al auto, a las 11 de la noche ya no doy más y me iría a dormir. 
Quiero vivir de un modo y el cuerpo no me acompaña. 
Recién llame a lucho a ver si lo buscaba por santa Catalina y me dijo como ya dejaste el gym. Pero no lo deje sólo que hoy no podía con mi vida. No podía ni cargar la mochila. Estoy agotada. No me recupero más. 
Tendré que ir al médico? No quiero más médicos y no quiero sentirme así. 
Y mientras la culpa por no haber podido cumplir con mi cometido. 
Cansada y triste creo. 
Habrá que transitarlo nomás. 

martes, 19 de agosto de 2014

Día 1 - prueba superada

Llego al instituto de baile. 
5 piso en pleno microcentro porteño. Mucha luz. Ya me cayo bien. 
La recepcionista como todas las que trabajan en este tipo de estudios derrochaba buena onda. 
A la hora señalada se presenta Mora en la pisa y arranca sin más a menear las caderas. 
A las nuevas sólo les digo. Traten de seguirnos. No se preocupen si no les sale. Ustedes bailen que para eso vinimos. De a poco ya van a ir aprendiendo los pasos que siempre se repiten. 
Es una señal, me dije. Venía pensando justamente esas palabras. Me lo voy a tomar como un juego y nada más. 
3 meses, 2 veces por semana, sin cuestionarmelo. A ver que pasa. 
Como si se tratara de un trabajo que cualquiera realiza sólo por la plata, yo voy a bailar durante 3 meses sólo por el desafío y para ver que pasa, que me pasa. 
Durante la clase de zumba bailamos de todo, cumbia reggeton pop electrónica. 
Hice lo que pude. 
Nunca me mire al espejo. 
Y me festeje a mi misma cada pasito que me salió bien, aunque sólo fuera el abro, cierro, abro. Vamos mery todavía que salió en tiempo y con el mismo pie con que arrancaron todas. 
Termine la clase destruida. En este invierno tan verano que nos regala 25 grados en pleno agosto yo me dedique a sudar la gota gorda al compás de la música. 
Al salir de la clase una frase conocida me agarro desprevenida, entre tanta alegría y tanta euforia: "cuanto me va a durar?" 
Al menos 3 meses fue la respuesta inmediata. Al menos en esa me puedo quedar tranquila. No hay decisiones que tomar. Sólo queda disfrutar (si se puede) de este proceso en el que me metí solita y sin que nadie me empujara.