Y para crear, para meditar, para exponer, para focalizar, para guardar. para sentir, para leer, para mirar, para aprovechar y disfrutar.
lunes, 8 de septiembre de 2014
CLASE 6: Bailando o vagando?
Ayer salió en Clarin una nota que se titulaba: "Furor por la “zumba”: bailar para adelgazar, lo nuevo para no “sufrir” en el gimnasio".
El primer párrafo de la nota arrancaba asi: "Desde la mirada del vago, existe esa gente extraña que ama hacer cualquier tipo de actividad física (y se la pasa contando que le hace bien y que el cuerpo “se lo pide”), y el resto de la humanidad. Para el vago, la teoría está clarísima: sabe que para no ser sedentario y para adelgazar, debería caminar al menos media hora por día, bajarse del colectivo dos paradas antes o anotarse en un gimnasio y después no inventar excusas flojas de papeles para faltar. El vago lo sabe pero no lo hace: siempre está apurado o cansado y se aburre de sólo pensar en una rutina de abdominales. Pero algo de esa historia comenzó a cambiar: muchos gimnasios incorporaron todo tipo de clases de baile y ahora sí, quienes no hacían nada y empezaron a bailar se encontraron repitiendo algo que creían ajeno: bailar los ayuda a adelgazar, a estar alegres y, el cuerpo, por primera vez, “se los pide”.
Me dio bronca. No, miento. Me generó ira. ¿Quien se creen estos de Clarín para tildarme de vaga?. Voy por mi clase numero 6 y vengo bien. Es cierto no me gustan los deportes y de verdad no entiendo a la gente que habla maravillas de salir a trotar un jueves a las 7 de la tarde, asi como tampoco entiendo a las mujeres que cuentan calorías y compensan un alfajor por 35 minutos más trotando en el elíptico.
Es cierto que muchas veces ando apurada o demasiado cansada para encarar la vida deportiva, pero de ahí a ser vaga hay un gran trecho. El problema es de la sociedad que me tilda de vaga cuando lo único que hago es sacrificarme por mi carrera profesional, hacer esfuerzos por mi familia y gastar mucha energía para cumplir con todo. Es más me cansé solo de escribirlo.
El enojo es esa emoción que se genera cuando algo nos parece injusto. Yo podría quedarme masticando mil maneras de reestablecer el equilibrio en el universo que se generó ante el agravio de decirme Vaga o podría parar un poco y mirarme para adentro. ¿Cual es esa injusticia que creo que se cometió? ¿Por qué eso es un problema para mi? ¿Donde pongo mis seguridades que una simple nota periodística es capaz de plantarme una etiqueta en la frente? ¿Cuanto de mi rechaza la vagancia y justamente por eso me lleva a tener días maratónicos repletos de sacrificios, esfuerzos y gasto desmedido de energía? ¿Que pasaría si me amigara un poco con el vago que hay en mi? ¿Y si lo mirara con un poco de simpatía y le agradecería por estar presente de vez en cuando para ayudarme a relajar, a parar, a disfrutar podríamos aprender a llevarnos mejor? ¿Qué pasaría si dejara primero yo de etiquetar cada cosa que hago como útil o inútil, de vaga o de eficiente, activa o pasiva y pasara a pensar en términos de disfrute? ¿Qué ocurriría conmigo si simplemente me permitiera cada tanto parar, disfrutar y andar? Quizá quien me dice la pobre vaga que hay en mi ya no se sentiría tan rechazada porque podría aportar su mirada del descanso y ya quizá no me molestaría más lo que dice un simple recorte periodístico de un diario que hoy ya está envolviendo docenas de huevos en la verdulería de la esquina.
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