martes, 19 de agosto de 2014

Día 1 - prueba superada

Llego al instituto de baile. 
5 piso en pleno microcentro porteño. Mucha luz. Ya me cayo bien. 
La recepcionista como todas las que trabajan en este tipo de estudios derrochaba buena onda. 
A la hora señalada se presenta Mora en la pisa y arranca sin más a menear las caderas. 
A las nuevas sólo les digo. Traten de seguirnos. No se preocupen si no les sale. Ustedes bailen que para eso vinimos. De a poco ya van a ir aprendiendo los pasos que siempre se repiten. 
Es una señal, me dije. Venía pensando justamente esas palabras. Me lo voy a tomar como un juego y nada más. 
3 meses, 2 veces por semana, sin cuestionarmelo. A ver que pasa. 
Como si se tratara de un trabajo que cualquiera realiza sólo por la plata, yo voy a bailar durante 3 meses sólo por el desafío y para ver que pasa, que me pasa. 
Durante la clase de zumba bailamos de todo, cumbia reggeton pop electrónica. 
Hice lo que pude. 
Nunca me mire al espejo. 
Y me festeje a mi misma cada pasito que me salió bien, aunque sólo fuera el abro, cierro, abro. Vamos mery todavía que salió en tiempo y con el mismo pie con que arrancaron todas. 
Termine la clase destruida. En este invierno tan verano que nos regala 25 grados en pleno agosto yo me dedique a sudar la gota gorda al compás de la música. 
Al salir de la clase una frase conocida me agarro desprevenida, entre tanta alegría y tanta euforia: "cuanto me va a durar?" 
Al menos 3 meses fue la respuesta inmediata. Al menos en esa me puedo quedar tranquila. No hay decisiones que tomar. Sólo queda disfrutar (si se puede) de este proceso en el que me metí solita y sin que nadie me empujara. 

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