Mi vida está llena de obligaciones: laburar todo el día, estudiar, pagar cuentas, eventos sociales con los que hay que cumplir. En fin. Correr de un lado a otro tratando de cumplir.
Durante el año en un momento dado decido sumar a todo eso una obligación más. El ejercicio físico. Es que todo se cae, viene el verano, ya cumplí 35, tengo un sólo cuerpo que quiero cuidar para llegar llena de salud a los 100.
Algo pasa después del envión inicial que término dejando y lo que pasa es que me canso. Necesito parar. Necesito sacarme cosas de encima porque no puedo con todo.
El problema quizá empiezo a ver no es la cantidad de cosas que hago sino la cantidad de obligaciones que tengo.
Que pasaría si laburara menos horas o dejara el laburo? Qué pasaría si dijera que no a los eventos sociales? Y si no pagará las cuentas? Podría también dejar de estudiar.
Me imagino esa situación y pienso en el caos absoluto. Me imagino viviendo abajo de un puente y pidiendo plata en frente a la iglesia.
Pero esto es realmente así? La verdad es que podría dejar de laburar pero para mi es importante trabajar. No sólo por la plata sino también porque quiero desarrollar mis talentos, superar nuevos desafíos, estar con gente. Podría buscar un trabajo de menos horas pero creo que es el momento de dedicar tiempo al trabajo para conseguir algunos sueños que tenemos y para los que hace falta el vil metal. Así que elijo trabajar.
Podría no hacerlo pero elijo hacerlo.
Podría además no pagar las cuentas, pero me cortarían la luz. Hay gente que vive sin luz. Lo toman como una vuelta a los orígenes de la humanidad, pero yo amo estar conectada, leer a la noche sin lastimar me los ojos y mirar tele para desconectarme de un día largo. Así que elijo pagar las cuentas.
Podría no ir al gimnasio nunca más. Podría no hacer ejercicio nunca más pero elijo hacerlo porque quiero buscar algo que me desconecte, que me divierta, que me recuerde que puedo jugar y no pensar, que me ayude a sentirme bien conmigo misma y con mi cuerpo
Quizá necesite primero que nada empezar a pensar mi vida como una suma de elecciones y no de obligaciones. Al pensar en una elección a donde me lleva? Que mundos me abre? Me lleva a un lugar lleno de libertad, me conecta con la liviandad de hacer lo que quiero, de ser quién quiero.
Al pensar en mis obligaciones me imagino una mochila gigante llena de cosas pesadas, aburridas.
Me gusta mi trabajo, me gusta lo que estudio, me gusta ser eficiente y ocuparme de las cuentas de la casa.
A partir de ahora tomó una decisión. No se que pasara con mi vida de ejercicios. Lo que si se es que dejo esa gran mochila de obligaciones y me agarro esta carterita llena de elecciones. Una bandolera cómoda y colorida que me deja ir libre y cómodamente por la vida haciendo lo que quiero y siendo quién quiero ser.
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