sábado, 29 de marzo de 2014

El que pierde, encuentra

Amanece un poco tarde, ventaja de casados sin hijos. Música de fondo. Diario de papel en la mano. Desayuno con mi marido, un sábado cualquiera.
Un instante simple que ahora valoro más, producto de sus ausencias por viajes laborales. Bastó que no lo tenga para extrañarlo. 
Dicen que valoramos lo que tenemos cuando lo perdemos. Ante eso un sentimiento aflora: Tristeza. 
La tristeza se produce cuando algo valioso para mí se pierde. Muchas veces no puedo evitar perder personas, momentos, situaciones. El gran desafío es como manejo mis duelos. 
Las pequeñas y grandes tristezas de la vida cobran sentido si se convierten en un alerta. Están ahí para ayudarnos a recordar que nada esta ganado y que no debemos darlo por descontado. Gracias a esto, como sé lo que es la tristeza puedo saber realmente lo que es la alegría. 
Ese sentimiento, al que la cultura de hoy en día busca negar, nos ayuda a valorar más y en cada instante las cosas de la vida: juegos y cuentos con un sobrino, el sol y el viento en la cara al andar en bici, el olor a infancia de los scons recién horneados, reír a carcajadas con una amiga, mover los pies al ritmo de la música que más te gusta, el sabor a leña del asado bien hecho y tantas cosas más que pueden completar tu lista. 
Y vos, ¿como vivís tus tristezas? ¿Cómo disfrutas tus alegrías?
Si tuvieras que hacer una lista de esas pequeñas y grandes cosas que no querés perder para valorar, como sería?

No hay comentarios: